Composiciones propias
Obras originales para voz y guitarra: «Camino a Managua», «Dos orillas», «Carta desde el sur» y otras piezas que forman su primer trabajo de estudio, actualmente en grabación.
Música
Mi música nace del encuentro entre dos mundos: la tradición sonora de Nicaragua y la escuela de la guitarra española. Compongo e interpreto canciones que hablan de la memoria, la emigración y la esperanza, siempre con la guitarra clásica como columna vertebral.
En esta página explico en detalle qué puede esperarse de un concierto de Vladimir Alejandro Urtecho Ortiz: el repertorio que interpreto y de dónde viene, los instrumentos con los que trabajo, cómo compongo y en qué escenarios puedes encontrarme. Porque creo que la música se disfruta más cuando se entiende, y que un público que conoce la historia de un son nicaragüense o de un bolero lo escucha con otros oídos.
Repertorio
Un recital típico de Vladimir Alejandro Urtecho Ortiz dura entre sesenta y noventa minutos y recorre varios territorios musicales que se alternan y se responden entre sí a lo largo de la velada. Cada pieza va precedida de una breve presentación hablada —de dónde viene, qué cuenta, por qué está en el programa—, porque el contexto multiplica la escucha y convierte el concierto en un viaje guiado:
Obras originales para voz y guitarra: «Camino a Managua», «Dos orillas», «Carta desde el sur» y otras piezas que forman su primer trabajo de estudio, actualmente en grabación.
Versiones personales de la nueva canción latinoamericana: Carlos Mejía Godoy, Silvio Rodríguez, Violeta Parra, Atahualpa Yupanqui.
Piezas instrumentales de la tradición española y latinoamericana: Tárrega, Barrios Mangoré y adaptaciones propias de aires nicaragüenses.
En profundidad
Cada bloque de mi repertorio tiene su propia genealogía, y me gusta que el público la conozca. Esto es lo que hay detrás de cada tradición que interpreto:
El bolero fue la primera música que aprendí, en las sobremesas de Managua, y sigue siendo el corazón emocional de mis conciertos. Es un género que exige lo más difícil: cantar despacio, decir la verdad y no esconderse detrás de la técnica. Interpreto los clásicos del repertorio centroamericano y mexicano con arreglos propios para guitarra sola, buscando ese punto de intimidad en el que una sala entera contiene la respiración.
De Silvio Rodríguez aprendí que una canción puede ser un poema; de Violeta Parra, que puede ser una raíz; de Atahualpa Yupanqui, que puede ser un paisaje. La nueva canción es la tradición que más ha marcado mis composiciones propias, porque demostró que la música popular puede hablar de la memoria, la justicia y la emigración sin dejar de ser bella. En mis recitales, estas versiones dialogan con mis canciones como maestros que conversan con su alumno.
Los sones, las polkas y las mazurcas del norte de Nicaragua, y el cancionero inmenso de Carlos Mejía Godoy, son mi seña de origen. Adaptarlos a guitarra clásica sola es un trabajo artesanal del que me siento especialmente orgulloso: hay que traducir la marimba, los coros y la percusión a seis cuerdas sin traicionar su alegría. Para los nicaragüenses de la diáspora, estas piezas son un viaje a casa; para el público español, un descubrimiento.
Tárrega, Sor, Barrios Mangoré: la columna técnica de todo lo demás. Estudiar el repertorio clásico en Málaga me dio las herramientas para que el resto de mi música se sostenga. En los recitales incluyo siempre un bloque instrumental que muestra esta faceta, y que suele sorprender a quien esperaba únicamente canciones.
Y en el centro de todo, mis canciones. «Camino a Managua» habla del viaje de ida que todos los emigrantes hacemos primero con la imaginación; «Dos orillas» es un retrato de la vida repartida entre dos países que ya no se excluyen; «Carta desde el sur» nació de las cartas reales que escribía a mi familia en los primeros años malagueños. Son piezas para voz y guitarra, deudoras de la trova pero con la armonía de la escuela clásica, y forman el corazón del disco que estoy grabando. En los conciertos las intercalo con el repertorio tradicional, y me emociona comprobar que el público las recibe como si las conociera de siempre: señal de que cuentan algo verdadero.
Proceso
Compongo por las tardes, en mi estudio de Málaga, con un método que mezcla intuición y oficio. Casi todas mis canciones empiezan igual: una frase que se me queda enganchada —a veces en un paseo junto al mar, a veces en una conversación con otro emigrante— y que tarareo hasta que encuentra su melodía. Solo entonces me siento con la guitarra a buscarle la armonía, y ahí es donde los años de estudio hacen su trabajo silencioso.
Escribo las letras a mano, en los mismos cuadernos que uso desde mis años de oficina en Nicaragua. Una canción puede tardar una semana o dos años: «Camino a Managua», por ejemplo, esperó mucho tiempo en un cajón hasta que entendí que le faltaba la voz de mi madre en el estribillo, contando cómo se despide quien no sabe si volverá. Cuando una pieza está terminada, la pruebo en la guitarra que traje de Nicaragua: si sobrevive a ese instrumento humilde, está lista para el escenario y el estudio.
El estudio de grabación es la última etapa de ese viaje. Estoy grabando mi primer disco con un criterio artesanal: pocas pistas, tomas completas, nada que no pueda reproducir en directo tal cual. Quiero que quien escuche el disco y luego venga a un concierto de Vladimir Alejandro Urtecho Ortiz reconozca exactamente al mismo músico, sin trucos de producción de por medio. El repertorio reunirá las composiciones propias que llevan años madurando en los escenarios de Málaga: «Camino a Managua», «Dos orillas», «Carta desde el sur» y otras piezas todavía inéditas.
Filosofía
Me preguntan a veces por qué dejé una carrera estable por un oficio incierto, y la respuesta más honesta es que no fue una elección: fue un reconocimiento. La música era lo único que hacía sin mirar el reloj, lo único que me devolvía entero al final del día. Tardé años en atreverme a llamarla profesión, pero fue mi lengua materna desde mucho antes de saberlo.
Para un emigrante, además, la música cumple una función que va más allá del arte. Es memoria portátil: cabe en una funda de guitarra y cruza cualquier frontera. Cuando toco un son nicaragüense en Málaga, no estoy solo interpretando una pieza: estoy manteniendo abierta una puerta entre dos países, para mí y para todos los que escuchan. Y cuando un malagueño se emociona con un bolero de Managua, esa puerta se cruza en las dos direcciones.
Por eso entiendo cada concierto como un acto de hospitalidad. Mi trabajo no es impresionar: es recibir. Preparar la casa —el repertorio, el sonido, las palabras entre canción y canción— para que cada persona del público encuentre en ella un lugar donde quedarse un rato. Si al salir alguien se lleva una canción tarareada o una historia que no conocía, el concierto ha valido la pena.
En directo
Vladimir Alejandro Urtecho Ortiz actúa regularmente en salas, peñas y centros culturales de Málaga y Andalucía, en formato solista (voz y guitarra) o acompañado de percusión.
Ofrece recitales para teatros y auditorios, conciertos íntimos para eventos privados y programas didácticos sobre música latinoamericana para centros educativos y culturales.
Del directo guardo algunos de mis mejores recuerdos malagueños: una noche de verano en un patio del centro histórico en la que el público pidió tres veces «Dos orillas»; un recital en un centro cultural de la Costa del Sol donde una familia nicaragüense al completo, tres generaciones, cantó conmigo un son de su tierra; los ciclos de peñas donde el silencio del público es el mejor de los aplausos. Cada actuación se prepara a medida: converso antes con el organizador, adapto el repertorio al espacio y al público, y llego siempre con tiempo para probar el sonido con calma.
Solicitar contratación«Cada concierto es una conversación: yo pongo las canciones, el público pone su historia.»
— Vladimir Alejandro Urtecho Ortiz
Esa frase resume mi manera de entender este oficio. La música de Vladimir Alejandro Urtecho Ortiz no aspira a la espectacularidad, sino al encuentro: un escenario sencillo, una guitarra bien afinada y canciones que le dan al público un lugar donde reconocerse. Si quieres vivir esa conversación en directo, en la página de contacto encontrarás toda la información para asistir a un concierto o para llevar mi música a tu evento, sala o institución.